La manera de concebir el estudio de la historia determina, en buena medida, los modos de aproximación, acceso a los “hechos” y su disposición y -consiguiente- peso en el relato de los mismos. A su vez, viene determinada por prejuicios ideológicos, relaciones de poder y, además, por la propia limitación del pensamiento. Limitación ésta que ejerce su poder mediante lo no pensado más que por lo impensable. La irrupción de nuevas formas, de nuevos conceptos, de un discurso nuevo, abre la posibilidad de pensar lo que hasta ese momento no había sido pensado. Por otra parte, como dice Juan Carlos De Brasi en su Apertura de La explosión del sujeto , “lo conocido por demasiado bien conocido se torna ignorado”.